Me mira. Con sus ojos pequeños, la niña me mira. Ojos que parecen haber vivido las siete vidas de un gato. Busca consuelo. En una esquina la encuentro saltando a gritos enmudecidos. Saboreando el aroma del invierno. Se envuelve de lado a lado en historias de príncipes y hadas. Simplemente admite que Cenicienta era la chica de aquel vals. Se vuelve en silencio a sus cuatro paredes… a la misma función. Camina. Quiere que nadie haga caso de los subtítulos bajo su sonrisa. Sus ojos la delatan. Camina. Camina. Camina. Sin rumbo camina. No encuentra cuentos que cuenten historias de ella. Intenta que su soledad se vaya en aquel barco de vapor. A orillas del mar se queda, sus ojos cantan ciegamente, se va quedando sola, sola se va quedando mirando la
vida pasar. A veces las palabras sobran, sin razón, respondió la niña. Hoy seremos felices en el silencio.
El contador del taxi para. Publicidad en su paraguas. Se encuentra sola en el balcón de la calle del perdón. Sólo quería sentir lo que era ser amada. Pero se sentó a mi lado, se acercó a mi oído y en susurros confiesa que le gustaría permanecer oculta, como si caminara en la oscuridad, si nadie te ve, nadie te conoce, a nadie le importas y nadie te rompe el corazón. Se ve a si misma en sueños, firmemente plantada sobre sus pies, pero de hecho pasa todo el tiempo sentada siempre medio dormida. Me dice que mientras haga el bien debería ser feliz, pero no termina de entender qué es la felicidad.
Se pone de pie y el invierno se enamora de ella. Tiene frío. Respira hondamente el olor a la soledad y se impregna de ella. A las 29 llega aquel muchachito. Se sienta a su lado y la invita a pasearse por la vida. Ya casi se ahogan de felicidad. Marcha en busca de aquel peculiar vegetal que hace que te rías de la bruja de noche y de día, pero soplando las velas la niña acompaña a otra niña. La bolsita de dulces trae una gran sorpresa, otra invitación: si tus sueños mueren que sólo sea porque se han hecho realidad. Saltando que salta, salta. La cuerda se cae una y otra vez. Una y otra vez la niña la vuelve a coger. Acaba de aprender la lección. Si el honor y la victoria valen más que las personas es que no hemos aprendido nada. Y con una beca en el siquiatra estaremos riendo porque de llorar, no sabremos.
vida pasar. A veces las palabras sobran, sin razón, respondió la niña. Hoy seremos felices en el silencio.El contador del taxi para. Publicidad en su paraguas. Se encuentra sola en el balcón de la calle del perdón. Sólo quería sentir lo que era ser amada. Pero se sentó a mi lado, se acercó a mi oído y en susurros confiesa que le gustaría permanecer oculta, como si caminara en la oscuridad, si nadie te ve, nadie te conoce, a nadie le importas y nadie te rompe el corazón. Se ve a si misma en sueños, firmemente plantada sobre sus pies, pero de hecho pasa todo el tiempo sentada siempre medio dormida. Me dice que mientras haga el bien debería ser feliz, pero no termina de entender qué es la felicidad.
Se pone de pie y el invierno se enamora de ella. Tiene frío. Respira hondamente el olor a la soledad y se impregna de ella. A las 29 llega aquel muchachito. Se sienta a su lado y la invita a pasearse por la vida. Ya casi se ahogan de felicidad. Marcha en busca de aquel peculiar vegetal que hace que te rías de la bruja de noche y de día, pero soplando las velas la niña acompaña a otra niña. La bolsita de dulces trae una gran sorpresa, otra invitación: si tus sueños mueren que sólo sea porque se han hecho realidad. Saltando que salta, salta. La cuerda se cae una y otra vez. Una y otra vez la niña la vuelve a coger. Acaba de aprender la lección. Si el honor y la victoria valen más que las personas es que no hemos aprendido nada. Y con una beca en el siquiatra estaremos riendo porque de llorar, no sabremos.


1 comentario:
te has demorado una estrofa, para llegar al taxista creo que es demasiado descriptivo, el número tres de descripciones siempre uso no más que eso, veo muchos puntos e ideas que mejorarán con el paso del año. Veo mucha gente oscura tu serás igual?
el invierno vive para als personas o para dios ególetro?
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